Ficha de actuación química en caso de siniestro creado por SuSo. bomberiles.es [ IMPRIMIR FICHA ]
CÓDIGO DE PELIGROSIDAD KEMLER: 80
NÚMERO UN: 1700

I. IDENTIFICACIÓN DEL PRODUCTO
Nombre del producto: Ácido cloroacético
Sinónimos: Ácido monocloroacético; Monochloroacetic acid; MCA
Número CAS: 79-11-8
Número CE (EINECS): 201-178-4
Código Hazchem: 2X
Uso recomendado: Intermedio químico en síntesis orgánica, carboximetilcelulosa, tensioactivos, colorantes, herbicidas y farmacia.
Restricciones de uso: Sustancia de uso industrial especializado; evitar cualquier empleo no controlado por su elevada toxicidad y corrosividad.
Estado físico y aspecto: Sólido cristalino incoloro a blanquecino; puede presentarse fundido si supera su punto de fusión.
Olor: Acre, penetrante.
Punto de ebullición: Aproximadamente 189-190 °C, con descomposición.
Punto de inflamación: No fácilmente inflamable; puede descomponerse y arder en incendio intenso.
Temperatura de autoignición: No se establece con seguridad en intervención; evitar todo calentamiento intenso.
Límites de explosividad: No aplicables de forma práctica como sólido; el polvo fino puede contribuir a incendio por dispersión.
Presión de vapor: Baja a temperatura ambiente; aumenta con el calentamiento.
Densidad: Aproximadamente 1,58 g/cm³ a 20 °C.
Solubilidad en agua: Muy soluble; genera soluciones corrosivas.
Riesgo por vapores: Bajo como sólido frío, pero relevante en producto caliente, fundido o en incendio; las nieblas y vapores irritan intensamente vías respiratorias.
Corrosividad: Ataca piel, ojos, mucosas y diversos metales en presencia de humedad.

II. NATURALEZA DEL PELIGRO
Riesgos principales: Corrosivo y muy tóxico por contacto, inhalación e ingestión. Puede absorberse por piel intacta y producir intoxicación sistémica grave. Al calentarse desprende vapores irritantes y tóxicos.
Riesgo por vapores: Bajo en almacenamiento frío, alto si hay fundido, derrame caliente, incendios o superficies recalentadas.
Riesgo de exposición secundaria: La ropa, guantes y equipos contaminados pueden seguir liberando producto y causar quemaduras diferidas.
Riesgo operativo: El contacto con agua de lavado o humedad puede generar soluciones muy corrosivas y aumentar la extensión de la contaminación.

III. RIESGOS PARA LA SALUD
Exposición crítica: Contacto cutáneo y ocular, inhalación de polvo o vapores calientes, ingestión accidental.
Efectos inmediatos: Quemaduras químicas, dolor intenso, lagrimeo, broncoespasmo, tos, edema de vías respiratorias, náuseas, vómitos, alteraciones metabólicas y posible colapso.
Efectos sistémicos: La absorción puede causar acidosis metabólica, afectación neurológica, cardiovascular, renal y hepática; cuadro potencialmente mortal incluso con exposiciones limitadas.
Órganos diana: Piel, ojos, aparato respiratorio, sistema nervioso central, riñón, hígado y sistema cardiovascular.
Vías de entrada relevantes: Piel, inhalación e ingestión.
Observación táctica: Toda víctima con contaminación cutánea debe tratarse como potencialmente grave aunque las lesiones iniciales sean discretas.

IV. RIESGOS DE INCENDIO Y EXPLOSIÓN
Combustibilidad real: No es un combustible volátil, pero en incendio puede arder y descomponerse; el producto fundido favorece la propagación por escorrentía corrosiva y generación de humos tóxicos.
Riesgo de explosión: Bajo como sustancia pura, pero el polvo fino en suspensión puede contribuir a una atmósfera combustible en espacios confinados o con dispersión mecánica. Los recipientes cerrados expuestos al calor pueden sobrepresurizarse y romperse.
Riesgo térmico: Si se calienta, puede fundirse, hervir localmente y salpicar. La descomposición genera gases corrosivos que empeoran la atmósfera de intervención.
Escenario crítico: El mayor peligro operativo no suele ser la llama, sino la nube irritante/corrosiva, la contaminación por escorrentía y la rotura súbita de envases calentados.
Comportamiento en incendio: Puede pasar rápidamente de sólido estable a líquido corrosivo; los charcos calientes facilitan proyecciones por ebullición local y contacto accidental con agua.
Riesgo de recipientes: Bultos, bidones o IBC expuestos a calor presentan aumento de presión interna, deformación y posible fuga por tapas, juntas o soldaduras.
Vapores y humos: La descomposición térmica libera cloruro de hidrógeno y humos ácidos muy irritantes; la exposición respiratoria puede incapacitar antes de que el personal advierta el foco exacto.
Comportamiento en espacio cerrado: En almacenes, sótanos o contenedores cerrados puede acumularse una atmósfera corrosiva sin llama visible, con riesgo alto para entrada temprana.
Polvo y dispersión: El producto sólido fracturado o manipulado en seco puede generar polvo irritante; una nube de polvo contaminada cerca de una fuente de ignición aumenta el riesgo de inflamación secundaria de embalajes y materiales vecinos.
Riesgo de envases presurizados: Si el envase ha sido calentado, el fallo puede ser brusco y proyectar material corrosivo caliente a distancia.
Escorrentía en incendio: El agua de extinción puede arrastrar el producto a puntos bajos, sumideros o redes, ampliando el incidente más allá de la zona de fuego.
Medios de extinción adecuados: Agua pulverizada para enfriar y abatir vapores, espuma resistente a alcoholes, polvo químico seco y dióxido de carbono para fuegos incipientes o auxiliares.
Medios no adecuados: Chorro compacto de agua sobre derrame o producto fundido; puede proyectar material corrosivo, ampliar la contaminación y dispersar vapores.
Productos peligrosos de descomposición: Cloruro de hidrógeno, monóxido y dióxido de carbono, humos corrosivos y tóxicos; en combustión severa pueden formarse compuestos clorados irritantes.
Decisión de mando: Si el foco implica cantidad importante, humo denso o recipientes expuestos, priorizar zona de exclusión amplia, ataque defensivo y protección de exposiciones.
Vapores y atmósfera: En recinto cerrado o semiconfinado, la irritación respiratoria puede preceder a cualquier llama visible; considerar evacuación temprana de zonas próximas.

V. INTERVENCIÓN EN INCENDIO
Acción inicial: Aislar zona, intervenir a favor del viento y evitar exposición a humos. Priorizar rescate solo con protección química y respiratoria completa.
Medios de extinción: Aplicar agua pulverizada para enfriar recipientes, pantallas y estructuras expuestas. Atacar el fuego con espuma, polvo o CO2 según magnitud y entorno. Mantener caudal suficiente para enfriamiento sostenido.
Precauciones concretas: Evitar que el agua contaminada alcance alcantarillas, sótanos o cursos de agua. Si hay producto fundido, trabajar a distancia, desde cobertura y con líneas protegidas. Considerar emanación de gases muy irritantes y tóxicos incluso con fuego pequeño.
Enfriamiento de recipientes: Mantener refrigerados envases expuestos hasta mucho después de extinguido el incendio; vigilar reignición por focos ocultos y calentamiento residual.
Extinción ofensiva: Solo si existe control de vapores, acceso seguro, lectura clara de atmósfera y capacidad de descontaminación. Evitar apertura innecesaria de recipientes.
Extinción defensiva: Si hay nube corrosiva importante, fuego en almacenamiento múltiple o riesgo de propagación a envases, establecer perímetro amplio y proteger exposiciones.
Ventilación: No ventilar sin valorar dirección del viento y punto de descarga; puede arrastrar vapores tóxicos hacia personal o población.
Protección de equipos: Descontaminar líneas, herramientas y ERA tras la intervención; las salpicaduras pueden seguir siendo peligrosas.
Control de incendios secundarios: Verificar fosos, canaletas, plásticos, embalajes y restos de producto que puedan mantener combustión o descomposición lenta.
Uso de agua: Priorizar niebla o pulverización fina para abatir calor y gases; el agua en exceso, mal dirigida, aumenta arrastre de contaminante.
Zona caliente: Limitar entrada a personal imprescindible con comunicación continua, línea de retirada marcada y apoyo de descontaminación inmediata.
Lectura táctica: Si el incendio afecta a varios bultos o hay deformación de palets/IBC, asumir implicación interna del producto y no solo fuego exterior.
Entrada de ataque: Entrar únicamente con lectura atmosférica favorable, ruta de escape definida y personal de reserva. Si la irritación obliga a retirada temprana, pasar a defensiva.
Recuperación tras extinción: No dar por finalizado el incidente hasta comprobar ausencia de puntos calientes, charcos fundidos y envases con fuga lenta.
Relevos: Rotar dotaciones por exposición al calor y a la contaminación; una intervención prolongada incrementa el riesgo por contaminación secundaria de EPI y líneas.

VI. ACTUACIÓN EN DERRAMES O FUGAS
Medidas inmediatas: Aislar, balizar, eliminar accesos innecesarios y cortar fuentes de calor. Trabajar siempre con ERA y protección química.
Control del derrame: Detener la fuga solo si es seguro; si el envase está dañado, colocar en contención secundaria o sobre superficie compatible. Evitar movimientos bruscos que generen salpicaduras.
Pequeños derrames: Recoger en seco evitando levantar polvo. Usar pala no chispeante y contenedores resistentes a corrosivos. Puede cubrirse con absorbente inerte seco compatible.
Derrames importantes: Contener con barreras de tierra, arena o absorbente inerte. Proteger sumideros, alcantarillas y puntos bajos antes de la expansión del charco.
Producto fundido o caliente: No intentar dispersarlo con agua. Dejar enfriar controladamente cuando sea seguro y recoger mecánicamente con herramientas compatibles.
Neutralización: Solo por personal experto y de forma controlada; la neutralización puede ser exotérmica y producir salpicaduras. Priorizar contención y retirada.
Protección ambiental: Impedir entrada en desagües, sótanos, cauces y suelos permeables. Avisar a autoridad ambiental si hay afección exterior o riesgo de vertido a red.
Descontaminación: Lavar superficies tras retirada completa del producto, gestionando aguas como residuo peligroso. Revisar juntas, canaletas, ropa y equipos.
Vapores: Si el derrame es caliente, cubrir el perímetro y mantener vigilancia atmosférica; evacuar si aumenta la irritación o se detecta nube corrosiva.
Aislamiento práctico: Cerrar accesos inferiores y puntos de drenaje; el producto líquido o en solución puede desplazarse a zonas bajas y concentrar la exposición.
Recuperación: Priorizar recogida mecánica y embalaje compatible frente a dilución; si se usa absorbente, que sea inerte, seco y resistente a corrosivos.
Control de personal: Salida escalonada de zona caliente con revisión de botas, rodillas, guantes y cuello; la contaminación oculta se reactiva con humedad.
Evacuación preventiva: En interior, si el derrame es caliente o hay olor acre intenso con irritación ocular o respiratoria, desalojar compartimentos y cortar ventilación que recircule vapores.
Protección de drenajes: Sellar sumideros antes de mover el producto; un derrame pequeño puede convertirse en incidente mayor por red de saneamiento.
Contención física: Crear diques secos alejados del foco para dirigir el flujo a zona de recogida; evitar materiales que reaccionen o se degraden con ácidos.
Recipientes dañados: No trasvasar sin estabilizar el envase; usar sobreembalaje, cubeta o contención compatible y manipulación mínima.

VII. EQUIPOS DE PROTECCIÓN
Protección respiratoria: Equipo autónomo de respiración de presión positiva; no confiar en filtros en intervención por posible atmósfera corrosiva o desconocida.
Protección corporal: Traje de protección química contra corrosivos, preferiblemente estanco a salpicaduras intensas o encapsulado según concentración, cantidad y estado del producto.
Guantes: Resistentes a ácidos, de butilo, neopreno o material equivalente validado para exposición química.
Ojos y cara: Pantalla facial completa y gafas químicas estancas si no se usa máscara integral.
Botas: Químicas, resistentes a corrosivos y compatibles con descontaminación.
Apoyo operativo: Disponer línea de descontaminación, control de tiempos de exposición y relevo frecuente. Revisar cuello, puños y cremalleras tras cada contacto.
Protección adicional: Si hay líquido caliente o proyección, reforzar con delantal químico y doble guante en tareas de contención.
Vigilancia de equipo: Retirar de servicio cualquier EPI con salpicaduras en costuras, cierres o interior.
Seleccionar nivel de protección: Aumentar la protección cuando exista producto fundido, niebla ácida, espacio confinado o atmósfera sin lectura fiable.
Materiales recomendables: EPIs y herramientas con buena resistencia a corrosivos; evitar componentes metálicos desnudos expuestos a salpicaduras persistentes.
Higiene operativa: No tocar cara, cuello ni radio con guantes contaminados; la contaminación secundaria es frecuente en retirada y descontaminación.
Protección de intervinientes: Si hay posibilidad de salpicadura desde charco caliente, usar barrera facial, traje químico de cobertura completa y doble capa en manos y muñecas.
Descontaminación de salida: El EPI exterior debe enjuagarse y revisarse antes de retirada. La ropa interior y el cuello son puntos críticos de retención.
Reserva sanitaria: Mantener un equipo limpio para relevo inmediato y atención de salida; el personal agotado falla en la descontaminación.
Material auxiliar: Herramientas no chispeantes, detectores atmosféricos, linternas protegidas y material absorbente inerte compatible con ácidos.

VIII. PRIMEROS AUXILIOS
Norma general: Rescate solo con EPI adecuado. Atención médica urgente inmediata. Contactar cuanto antes con el Centro de Toxicología de España: 91 562 04 20
Inhalación: Retirar al aire fresco, mantener vía aérea permeable, administrar oxígeno si procede y vigilar por posible edema pulmonar. Evacuar medicalizado.
Contacto con la piel: Retirar ropa y calzado contaminados de inmediato. Lavar con abundante agua durante al menos 15-20 minutos. No demorar el lavado. Control médico urgente por absorción cutánea sistémica.
Contacto con los ojos: Irrigar inmediatamente con agua abundante durante al menos 15-20 minutos, separando párpados. Retirar lentes si es fácil. Traslado urgente a oftalmología.
Ingestión: Enjuagar boca. No provocar el vómito. Dar agua solo si la persona está consciente y sin dificultad para tragar. Traslado urgente medicalizado.
Quemaduras químicas: Tratar como lesión por corrosivo de alta agresividad; mantener lavado continuo mientras se organiza evacuación.
Observación clínica: Vigilar alteraciones neurológicas, respiratorias, cardíacas y metabólicas; puede haber agravamiento diferido. Observar dolor persistente, disnea, sialorrea y deterioro general.
Descontaminación previa al traslado: Retirar prendas, bolsas y elementos impregnados antes de entrar en ambulancia o área sanitaria.
Si hay exposición masiva: Considerar monitorización prolongada por posible acidosis y afectación multiorgánica aunque el paciente refiera mejoría inicial.
Prioridad asistencial: La limpieza rápida de piel y ojos es decisiva; los retrasos aumentan lesión local y absorción sistémica.
Precaución para intervinientes: No reutilizar mantas, toallas o camillas contaminadas sin descontaminación completa.
Vía respiratoria: Si aparece tos, ronquera, dolor torácico o disnea, asumir irritación severa o lesión inhalatoria y observar evolución durante horas.
Piel: Lavar con agua abundante sin frotar enérgicamente. Retirar anillos, relojes y ropa ajustada para evitar retención del producto.
Ojos: Irrigación prolongada y urgente; la persistencia de dolor, visión borrosa o blefaroespasmo obliga a evaluación especializada inmediata.
Digestivo: No neutralizar, no inducir vómito y no administrar bicarbonatos ni ácidos; el riesgo de lesión esofagogástrica es alto.
Seguimiento: Toda exposición significativa requiere observación clínica por posible empeoramiento diferido, especialmente respiratorio y metabólico.

IX. MANIPULACIÓN Y ALMACENAMIENTO
Manipulación: Evitar contacto directo, formación de polvo y calentamiento innecesario. Usar ventilación eficaz y procedimientos cerrados.
Almacenamiento: En recipientes bien cerrados, resistentes a corrosivos, en lugar fresco, seco y ventilado. Separado de bases, oxidantes, reductores fuertes, metales reactivos y alimentos.
Condiciones prácticas: Proteger de humedad y fuentes de calor. Disponer retención secundaria y medios de lavado de emergencia cercanos.
Segregación: Mantener separado de sustancias alcalinas, aminas, oxidantes y materiales sensibles a ácidos.
Control de envases: Revisar compatibilidad del material del recipiente, juntas y tapas; evitar almacenamiento en metálicos no protegidos si existe humedad ambiental.
Operación segura: Minimizar trasvases y no trabajar en recipientes abiertos en zonas mal ventiladas.
Almacenamiento de emergencia: Si el envase está dañado, pasar a contención compatible y etiqueta visible; impedir su exposición directa al sol o a fuentes de calor.
Entorno recomendable: Suelo impermeable, ventilación natural o forzada y accesos restringidos para evitar derrames por impacto.
Prohibición táctica: No mezclar restos con residuos alcalinos ni con absorbentes húmedos.
Control de inventario: Separar lotes viejos o con envase degradado; el producto debe revisarse por costras húmedas, fuga por tapa o deformación.
Embalaje compatible: Mantener en envases resistentes a corrosivos y con cierre hermético; evitar materiales que puedan ser atacados por la humedad.
Circulación interna: No transportar a mano sin contención secundaria; el roce y el vuelco generan contaminación prolongada.
Medida preventiva: Instalar duchas y lavaojos próximos al área de manipulación y de carga/descarga.

X. ESTABILIDAD Y REACTIVIDAD
Estabilidad: Estable en condiciones normales de almacenamiento seco y fresco.
Condiciones a evitar: Calor intenso, humedad, polvo en suspensión, contacto con llamas y superficies muy calientes.
Incompatibilidades: Bases fuertes, oxidantes fuertes, agentes reductores intensos, metales reactivos y sustancias con las que pueda producir reacción exotérmica o gases corrosivos.
Reactividad operativa: Puede reaccionar vigorosamente con álcalis. Con metales y humedad puede favorecer corrosión y liberación de gases.
Descomposición: Por calentamiento o combustión produce humos corrosivos y tóxicos, especialmente cloruro de hidrógeno y óxidos de carbono.
Polimerización: No esperable como vía principal de riesgo en intervención; el peligro real es la descomposición térmica y la reacción exotérmica con bases.
Compatibilidad táctica: Evitar contacto con hormigón fresco, cal, espumas no verificadas sobre producto derramado y superficies húmedas no controladas.
Reacción con agua: No es una reacción violenta típica, pero la disolución genera soluciones corrosivas y puede aumentar la movilidad del contaminante.
Vigilancia térmica: Si el envase estuvo expuesto a calor, asumir posible degradación del contenido y presión interna elevada.
Señales de inestabilidad: Fumación, olor acre intenso, deformación de envases, decoloración o presencia de costra húmeda alrededor de cierres.
Incompatibilidad crítica: El contacto con álcalis puede generar reacción vigorosa y calor; no mezclar con absorbentes o residuos contaminados sin verificar neutralidad.
Materiales sensibles: Corroe metales en presencia de humedad y puede atacar componentes del vehículo, rejillas, tapas y canalizaciones.
Escenario de mayor riesgo: Producto calentado dentro de envase cerrado o parcialmente cerrado; puede aumentar presión, salpicar y liberar vapores corrosivos al abrir.
Condición a evitar en incendio: No dirigir agua en chorro sobre el charco caliente ni abrir sin necesidad; la ebullición local puede proyectar ácido.

XI. INFORMACIÓN TOXICOLÓGICA
Toxicidad aguda: Muy elevada. Absorción cutánea especialmente peligrosa. Dosis relativamente bajas pueden producir intoxicación grave.
Efectos locales: Corrosión severa de piel, ojos y mucosas.
Efectos sistémicos útiles para intervención: Acidosis metabólica, depresión del sistema nervioso central, arritmias, insuficiencia renal o hepática, shock.
Vías de entrada relevantes: Piel, inhalación e ingestión.
Comentario táctico: Toda víctima contaminada debe considerarse potencialmente grave aunque las lesiones iniciales parezcan limitadas.
Dato operativo: La persistencia del dolor, la disnea o la irritación intensa tras descontaminación justifican vigilancia hospitalaria prolongada.
Severidad clínica: La evolución puede empeorar tras una fase inicial corta; no minimizar signos respiratorios ni alteración del estado general.
Seguimiento: Requiere control de constantes, exploración de quemaduras químicas y valoración toxicológica temprana.
Tiempo de reacción: La lesión puede ser rápida en ojos y piel, pero la afectación sistémica puede progresar tras el contacto inicial.
Signos de alarma: Disnea, tos persistente, dolor torácico, vómitos repetidos, somnolencia, palidez, sudoración fría o debilidad marcada.
Riesgo por absorción cutánea: Alto; la piel húmeda o lesionada facilita una penetración mayor y empeora la lesión.
Relevancia para dotación: Cualquier salpicadura en guante, muñeca o cuello debe tratarse como contaminación prioritaria hasta su retirada completa.

XII. INFORMACIÓN ECOLÓGICA
Impacto ambiental: Nocivo para organismos acuáticos y capaz de acidificar localmente medios receptores. Puede causar daño significativo en vertidos concentrados.
Movilidad: Soluble en agua; puede desplazarse con facilidad en efluentes y suelos húmedos.
Persistencia: Puede degradarse, pero un vertido agudo concentrado exige contención inmediata.
Medida clave: Confinar, recuperar y evitar dilución no controlada hacia saneamiento o cauces.
Contaminación secundaria: Las aguas de extinción pueden arrastrar carga corrosiva y exigir recogida o control de escorrentía.
Recomendación ambiental: Priorizar cierre de drenajes, barreras de contención y aviso temprano si existe amenaza a red pública o medio natural.
Suelo y drenaje: La infiltración puede extender el daño y complicar la recuperación; proteger puntos bajos y alcantarillado desde el inicio.
Gestión de residuos: Todo material absorbente, EPI y agua de lavado debe tratarse como residuo peligroso.
Agua superficial: Un vertido en arroyos o colectores puede causar descenso local de pH y daño agudo a fauna; evitar dispersión por lavado.
Saneamiento: No permitir entrada a red sin control, porque puede generar corrosión y exposición secundaria en galerías o estaciones de bombeo.

XIII. CONSIDERACIONES OPERATIVAS PARA BOMBEROS
Decisión inicial: Confirmar estado del producto: sólido, fundido, implicado en fuego o solo derramado. Establecer zonas caliente, tibia y fría.
Prioridades: Rescate protegido, aislamiento, control de contaminación, evaluación de exposición cutánea de víctimas y personal.
Modo de intervención: Preferencia por control defensivo si hay humo tóxico denso o gran cantidad fundida. Ataque ofensivo solo con información, medios y descontaminación asegurada.
Control del personal: Registro de intervinientes, chequeo de contaminación secundaria y relevo precoz.
Evacuación y confinamiento: Valorar confinamiento o evacuación en entorno próximo según viento, temperatura y presencia de vapores o humos corrosivos.
Sanitario: Anticipar necesidad de soporte vital avanzado y hospital con capacidad de toxicología y quemados químicos.
Decisiones de mando: Si existe fuga caliente, recipientes dañados o nube irritante, priorizar perímetro amplio, protección de exposiciones y no acercar personal sin línea de retirada clara.
Control de vapores: Usar agua pulverizada solo para abatir y enfriar, sin generar escorrentía descontrolada; no vaporizar sobre charcos si aumenta aerosolización.
Descontaminación táctica: Instalarla antes de entrada de equipos en zona fría; retirar prendas y revisar piel, cuello, manos y respirador.
Criterio de evacuación: Evacuar si la nube alcanza zonas habitadas, si hay varios afectados o si el incendio compromete envases múltiples.
Observación del escenario: Vigilar viento, drenajes, drenajes subterráneos y puntos bajos; el producto puede concentrarse en zonas cerradas.
Lectura del incidente: La ausencia de llama no reduce la criticidad; un derrame pequeño en interior puede generar lesiones graves y contaminación prolongada.
Plan de trabajo: Asignar equipo de control, equipo de descontaminación y equipo de apoyo sanitario desde el primer minuto.
Retirada segura: No abandonar la escena con personal contaminado ni material mojado por producto; la salida debe ser controlada y documentada.
Decisión sobre ventilación: Ventilar solo después de asegurar que la corriente no arrastre vapores hacia personas o accesos. Si la concentración es incierta, priorizar confinamiento.
Lectura de mando: Un solo envase con fuga puede requerir más personal de descontaminación que de ataque; dimensionar recursos en función de la contaminación, no solo del fuego.
Protección de población: Si hay olor acre, irritación o nube visible, ordenar alejamiento inmediato de curiosos y ocupantes del entorno próximo.
Tiempo de permanencia: Reducir exposición por turnos cortos; el calor y la humedad aumentan la penetración cutánea y el desgaste del EPI.
Gestión de evidencias: Guardar datos de lote, tipo de envase, fotografía de daños y lectura atmosférica para el cierre operativo y la trazabilidad del incidente.

XIV. TRANSPORTE Y REGLAMENTACIÓN
Designación de transporte: ÁCIDO CLOROACÉTICO
Número UN: 1700
Clase ADR/RID: 8
Grupo de embalaje: II
Etiqueta de peligro: Corrosivo
Kemler: 80
Túneles ADR: Aplicar restricciones propias de corrosivos según carta de porte, cantidad transportada y condiciones del transporte.
Código de emergencia: Hazchem 2X, útil para priorizar protección respiratoria y control de vapores corrosivos.
Información útil: Verificar si la carga viaja sólida o fundida, cantidad total, tipo de envase y presencia de daños térmicos o mecánicos. Considerar contaminación de vehículo, palets y aguas de extinción.
Reglamentación operativa: Sustancia corrosiva con toxicidad aguda importante; la protección química y respiratoria completa debe considerarse estándar de entrada.
Intervención en transporte: Mantener distancia inicial, cortar accesos, consultar carta de porte y comprobar integridad de bultos antes de abrir rutas de aproximación.
Datos para mando: Si el transporte presenta fuga, el riesgo dominante es la contaminación por contacto y la generación de vapores irritantes en espacios cerrados o semiconfinados.
Lectura ADR práctica: Tratar el incidente como corrosivo tóxico; el aislamiento debe ampliarse si el contenedor está caliente, deformado o en vehículo con carga mixta.
Punto crítico: No iniciar trasvase ni manipulación del bulto hasta verificar compatibilidad, estabilizar la fuga y asegurar descontaminación.
Documentación: Solicitar carta de porte, ficha de seguridad y datos del expedidor para confirmar cantidades, estado físico y material del envase.
Transporte marítimo/aéreo: Mantener segregación de materiales incompatibles y envase intacto; cualquier fuga exige notificación inmediata y manejo por personal entrenado en mercancías corrosivas.
Compatibilidad de carga: Separar de alimentos, bases, oxidantes y materiales sensibles a ácidos; una carga mixta puede agravar la intervención.
Señalización práctica: Verificar paneles, etiquetas y número UN en el vehículo antes de aproximación; el dato correcto condiciona la táctica de aislamiento.
Riesgo en túneles y galerías: En espacios confinados el vapor corrosivo y la escorrentía son más peligrosos que el fuego; valorar cierre y desvío.
Mensaje para el mando: Si el producto está derramado sobre el firme, la decisión clave no es solo extinguir, sino evitar propagación por drenaje y proteger al personal de salpicadura.

XV. OBSERVACIONES FINALES
Resumen táctico: Producto corrosivo con toxicidad sistémica grave, especialmente por contacto cutáneo. En incendio desprende humos muy peligrosos. Priorizar aislamiento, ERA, traje químico, descontaminación temprana y evacuación médica urgente de expuestos.
Clave para mando: Tratar toda contaminación personal como emergencia médica, incluso sin síntomas iniciales llamativos.
Mensaje operativo: La seguridad de la intervención depende del control del contacto y de la rápida descontaminación; no subestimar derrames fríos ni restos adheridos a ropa y equipos.
Relevo final: Verificar ausencia de contaminación en herramientas, guantes y superficies de apoyo antes de levantar el puesto.